domingo, febrero 22, 2026
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    Petro: El arquitecto de la dignidad

    Por: Orlando De La Hoz

    A menos de seis meses de que se cierre el telón del primer gobierno progresista en los anales de Colombia, y a solo 14 días de las elecciones al Congreso este 8 de marzo —donde el Pacto Histórico está próximo a consolidar una bancada sin precedentes para el periodo 2026—, el legado de Gustavo Petro trasciende la fría estadística estatal. Su obra se ancla en las entrañas de una mentalidad colectiva que él mismo se encargó de sacudir. Su paso por la Casa de Nariño no ha sido simplemente un periodo de mando, sino un proceso de cimentación: Petro ha operado como el arquitecto de una dignidad que, hasta hace poco, parecía un lujo inalcanzable para las mayorías.

     

    Al situar la justicia social en el epicentro del debate, el presidente no solo alteró las prioridades del Estado, sino que dotó de identidad política a los sectores olvidados, logrando que el ciudadano de a pie se reconozca, finalmente, como protagonista de la agenda nacional. Este cambio de paradigma no habría sido posible sin una ruptura deliberada en las formas de comunicar. Frente a un asedio mediático que ha operado sin tregua, el mandatario mutó las reglas del juego al prescindir de los intermediarios tradicionales, estableciendo un diálogo directo con sus bases en una suerte de plaza pública virtual donde confronta las lógicas del poder informativo.

    Su oratoria, templada en aquellos debates parlamentarios donde desnudó el horror de la parapolítica, sigue siendo la herramienta con la que golpea las fibras de un pueblo que hoy cuestiona el despojo y se reconoce en la narrativa del «país de la belleza», una invitación a redescubrir el territorio desde la vida y no desde la barbarie. Petro se ha transformado en un referente de la indignación popular, una tendencia de símbolos y consignas donde las banderas del M-19 se reivindican como expresiones vivas de una gesta de larga data que hoy alcanza la máxima dignidad del país.

    Con una profundidad intelectual que dialoga con nuestra esencia macondiana, el presidente exalta Cien años de soledad para advertir que Colombia no puede quedar atrapada en la guerra eterna del coronel Aureliano Buendía. Su diseño de nación busca el encuentro definitivo en la Paz. Esta transición hacia la luz exige confrontar a quienes han desangrado al país; en su discurso por el salario vital, identificó con crudeza a los «vampiros» del erario, convocando a un juicio contra el saqueo.

    Al final, su verdadera revolución ha sido pedagógica: el diseño de una estructura social donde la justicia es el único camino posible. Petro, como arquitecto, ha trazado los planos para que las estirpes condenadas tengan, por fin y para siempre, una segunda oportunidad sobre la tierra.

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