Hernán Camacho_ El tablero energético mundial ha entrado en una fase de turbulencia sin precedentes. La salida de Emiratos Árabes Unidos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP, el bloqueo del estrecho de Ormuz, el desafío chino a las sanciones estadounidenses y el control imperial sobre la renta petrolera venezolana configuran un escenario de alta complejidad. Asistimos a una reconfiguración del mercado y el poder petrolero.
La fractura de la OPEP
Emiratos Árabes Unidos abandonó la OPEP el pasado primero de mayo. Detrás hay años de descontento con el sistema de cuotas impuesto por Arabia Saudita, el país mas poderosos de producción petrolera de oriente medio, y que limitaba la capacidad productiva petrolera de otros miembros de esa organización.
El primer ministro de energía de Emiratos Árabes, Suhail bin Mohamed Al Mazrouei, señaló que buscan nuevas reglas del mercado mundial y de la ampliación de su producción petrolera que actualmente es de 3,4 millones de barriles diarios, y aspiran alcanzar los 5 millones. Abu Dabi consideró insostenible continuar en el cártel petrolero que lo limita.
La cohesión del cártel petrolero más poderoso del mundo se ha resquebrajado. El impacto en los precios fue inmediato. El Brent superó los 111 dólares por barril y el West Texas cerró en 99,93 dólares en la semana del anuncio. La incertidumbre sobre la respuesta de Arabia Saudita, que podría ser una guerra de precios, y el bloqueo de los Golfos de Oman y Pérsico mantiene en vilo a los mercados.
La crisis del estrecho de Ormuz
El bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial, ha exacerbado la crisis. Irán cerró el paso en el marco de la guerra contra la agresión estadounidense-israelí, y Washington respondió con un contrabloqueo. El resultado es el colapso del flujo marítimo en una de las rutas más vitales para la economía global.
El pasado 21 de abril, la Casa Blanca convocó de urgencia a los directivos de Chevron y Exxon Mobil. La reserva estratégica de Estados Unidos está en su nivel más bajo desde 1983. La gasolina supera los 4,23 dólares por galón, y el Brent, tras un alza de 12 dólares en una sola jornada, ronda los 114 dólares por barril.
Las petroleras aumentaron sus utilidades un 34% en el primer trimestre. La crisis energética, lejos de ser una catástrofe para todos, se ha convertido en un negocio redondo para las grandes corporaciones.
El movimiento Chino
China y el mundo asiático dependen en gran medida del petróleo para sostener su aparato industrial. El conflicto en Medio Oriente ha comenzado a pasar factura, y uno de los primeros indicadores de la crisis global del petróleo y sus derivados es el cierre masivo de fábricas de juguetes en el sur de China. Miles de trabajadores se han visto afectados por el alza de los costos del plástico y la energía, mientras el sector automotor también se desploma: las ventas de automóviles cayeron un 26% en la primera quincena de abril. Pekín podría tener dificultades para alcanzar su meta de crecimiento anual, y la desaceleración industrial china anticipa lo que vendrá para otras economías dependientes del crudo.
Por primera vez en su historia, China activó su «escudo legal» para prohibir que cualquier empresa o banco en su territorio cumpla sanciones unilaterales de Estados Unidos contra Irán. La medida afecta directamente a cinco empresas petroquímicas como Hengli Petrochemical, Shandong Shouguang Luqing Petrochemical, Shandong Jincheng Petrochemical Group, Hebei Xinhai Chemical Group y Shandong Shengxing Chemical, pero su alcance es mucho más amplio. Cualquier entidad que acate las sanciones de Washington se enfrentará a demandas millonarias en tribunales chinos y quedará excluida del segundo mercado más grande del mundo. La jugada debilita la hegemonía del dólar en las transacciones energéticas y demuestra que el orden financiero global esta cambiando.
Esta decisión tiene un efecto directo sobre la hegemonía del dólar. Burla las sanciones permite que países como Venezuela o Irán puedan pagar sus transacciones petroleras en monedas distintas al dólar. Irán, por ejemplo, ha recurrido crecientemente al rial iraní, al yuan chino e incluso a criptomonedas para evadir el control financiero occidental.
La consolidación del “petroyuan” que es la compra y venta de crudo en yuanes, pasó de ser una aspiración estratégica a una herramienta real utilizada en plena crisis. Si esta tendencia se profundiza, se desmonta uno de los pilares centrales de la hegemonía estadounidense, dando inicio a una crisis imperial sin precedentes.
Venezuela: el saqueo institucionalizado
Venezzuela también pertenece a la OPEP, aunque su participación es limitada debido a la influencia de Estado Unidos en la organización. El país produce más de 1 millón de barriles diarios. Con los precios internacionales, esos ingresos rondan los 4.500 millones de dólares mensuales. Sin embargo, la abrumadora mayoría de esos recursos no llega a la población ni a las arcas nacionales.
Bajo el esquema impuesto por Washington tras el secuestro político de Nicolás Maduro, Estados Unidos se ha convertido en el administrador de facto de la riqueza petrolera venezolana. De los 4.500 millones mensuales que se calcula es la operación de petróleo de Venezuela con los precios actuales del curdo, recibe a penas 1.500 millones, los restantes se quedan en manos de intereses estadounidenses en una cuenta del Tesoro bajo el mandato de la Casa Blanca. Un autentico robo.
La economía venezolana, que antes del 3 de enero lograba mantenerse a bien, hoy enfrenta una crisis agravada por este desangre sistemático de recursos provenientes del petroleo.
Un escenario incierto
No hay nada claro en medio de la coyuntura internacional. Es probable que los bombardeos contra Irán se reactiven en cualquier momento. Pero lo cierto es que la política petrolera del mundo ha cambiado. Se están reubicando los mismos jugadores pero quieren nuevas reglas sin el amparo de los estados Unidos.
Productores como Emiratos Árabes Unidos -antes aliado incondicional de USA- comenzarán a jugar su propia partida. Sin la OPEP, nadie sabe cómo se equilibrarán los nuevos mercados. Mientras el estrecho de Ormuz no se reabra, las verdaderas consecuencias de la caída del cártel aún no las conocemos. El escenario es incierto, volátil y abierto.




