La banda tunjana promete una descarga de energía, protesta y reflexión en el corazón de la capital, demostrando que el arte independiente sigue siendo herramienta de transformación social.
El próximo 28 de marzo, la Casa de la Paz en Bogotá será el escenario donde el sonido visceral del centro del país se encuentre con la memoria histórica de Colombia. La agrupación boyacense La Raska, conocida por su autodenominado estilo «Ska Mañoso», aterriza en la capital para conmemorar una década de la firma del Acuerdo de Paz entre las FARC-EP y el Gobierno Nacional. No es un concierto más: es un acto político y artístico que reivindica el papel del arte independiente en la construcción de una paz estable y duradera.
Originarios de Tunja, Boyacá, La Raska ha sabido labrarse un camino propio en la escena nacional gracias a una fórmula que no admite medias tintas: ska con lírica contestataria, crítica social y una energía que no se queda en el baile, sino que interpela. “Nuestra música es una herramienta de transformación”, afirma Jendry Moreno, vocalista de la agrupación. “Estar en la Casa de la Paz es reafirmar que el arte es el camino para reconstruir el tejido social y que desde Boyacá seguimos apostándole a un país que se escuche y se reconozca”.
El concierto se enmarca en la conmemoración de los 10 años de la firma del Acuerdo de Paz, un proceso que, a pesar de los intentos de la derecha por desfigurarlo y frenar su implementación, sigue siendo un faro para millones de colombianos que creen que la salida al conflicto no es más guerra, sino más justicia social. En ese contexto, la presentación de La Raska no es un evento folclórico de relleno: es un recordatorio de que la paz también se cultiva desde las esquinas, los escenarios independientes y las regiones que muchas veces quedan por fuera del relato oficial.
El «Ska Mañoso» de La Raska no es un género inventado para la foto. Es la expresión musical de una generación que creció entre la rabia y la esperanza. Sus letras, cargadas de crítica a la desigualdad, la violencia estructural y la indiferencia de los poderosos, se convierten en la banda sonora de quienes creen que otro país es posible. Y el 28 de marzo, en la Casa de la Paz, esa posibilidad se hará sentir desde las cuerdas, los vientos y la voz firme de Jendry Moreno.
La invitación está hecha: a celebrar la paz, a bailar la rabia, a escuchar lo que Boyacá tiene para decir. Porque si algo ha demostrado La Raska en su trayectoria es que el arte no es un adorno: es un motor de cambio. Y cuando ese motor se prende en un escenario como la Casa de la Paz, el mensaje es claro: la paz se defiende, se canta y se baila. Con «Ska Mañoso», desde el centro del país hasta la capital.




