lunes, marzo 30, 2026
spot_img

More

    Últimas entradas

    15 días del hijo del nazi en Chile: una advertencia a Colombia.

    Por Ulises Guevara

    Dos semanas. Eso fue lo que tardó el nuevo gobierno chileno de José Antonio Kast (el hijo de un nazi) en empezar a exhibir la verdad que la derecha siempre intenta esconder durante la campaña: que gana prometiendo orden, pero gobierna trasladándole los costos al pueblo.

    Kast llegó al poder montado sobre el miedo inoculado, administrando angustias: la inseguridad, la migración, el cansancio social, la sensación de pérdida de control. Como todas las derechas de este tiempo, necesitó fabricar un relato simple y brutal: el progresismo era culpable de todos los males nacionales y solo una restauración conservadora podía salvar a Chile. Pero apenas asumió, la realidad empezó a romper la escenografía, lo que volvió fue la vieja política del sacrificio popular. 

    Con tan solo 15 días de haber asumido la presidencia, cae su aprobación, crece el malestar por el costo de la vida, se desgasta la narrativa de la “emergencia” ya que la única emergencia, es la que está provocando el mismo hijo de Nazi que llegó al Palacio de la Moneda, con medidas antipopulares, sacadas de la ideología, más que de un análisis de la realidad del país, y que por tanto solo golpean las economías familiares de los más vulnerables en el país del conor sur.

    Pero al final del día lo que importa es la realidad cotidiana. No el discurso. No la pose. Lo que importa es que la ultraderecha chilena, que llegó atacando al progresismo por supuestamente haber arruinado el país, empieza a ser confrontada por un hecho incómodo: el deterioro tangible del bolsillo popular se siente ahora y se acelera bajo el actual gobierno que ha provocado en tan corto tiempo una verdadera emergencia nacional. El combustible angustia el salario y deja a los vehículos estacionados en casa, la inflación acecha el bolsillo, el transporte pesa, la parafina preocupa, la vida diaria se encarece. Y sus primeras decisiones son desfinanciar la educación, la salud y los programas sociales. Entonces el supuesto rescate nacional empieza a parecerse demasiado a una vieja escena latinoamericana: la derecha gana con chismes y gobierna con un mazo feroz, que fractura la economía de los humildes, mientras asegura ganancias exorbitantes para los ricos de siempre.

    La mentira estaba en el origen. Primero exageran un supuesto desastre heredado del ciclo progresista para justificar el regreso conservador. Había que convencer a una parte del país de que todo estaba destruido, de que la economía estaba devastada, y mienten descaradamente: “El Estado está en la quiebra” Un Estado nunca quiebra, es imposible. Luego presentan decisiones ideológicas como si fueran inevitabilidades técnicas. El vocero del Gobierno es el Embajador de USA. Y finalmente piden paciencia a las familias mientras preservan espacios de privilegio para los de siempre.

    Pero cuando se raspa ese barniz aparece otra imagen: Nos dijeron que el progresismo había traído el caos. Sin embargo en retrospectiva, lo que aparece no es la caricatura apocalíptica que la derecha necesitó vender, sino gobiernos que, con límites y contradicciones, mantuvieron programas sociales, resguardos estatales, herramientas de protección y una economía más sana de lo que hoy quieren admitir los propagandistas del mercado. En cambio, bastan apenas 15 días de gobierno derechista para que asome el libreto real: deterioro del bolsillo popular, malestar social, blindaje discursivo y sacrificio impuesto a las mayorías. Esto es lo que hay que decir sin anestesia: el péndulo político del Pacífico sudamericano que se posiciona a la derecha solo ha llegado a rehabilitar la vieja doctrina del shock. Es preciso recordar otra vez a Naomi Klein.

    Y Chile debería ser leído en Colombia como una advertencia temprana. Porque allí la derecha intenta la misma operación: culpar al progresismo de todo, presentarse como salvadora, hablar de orden, autoridad y confianza, y luego aplicar una política donde la cuenta la pagan las mayorías. Ese un libreto trillado y conocido, pero no por eso ha dejado de ser efectivo.

    En Colombia también quieren que olvidemos que el progresismo con Petro, amplió derechos. Quieren que ignoremos el éxito de las políticas sociales. Quieren que olvidemos que la economía no fue el infierno que ellos describen. Ni que llegó el castrochavismo, ni que Colombia se convirtió en Venezuela. Quieren que olvidemos que cada vez que la derecha habla de responsabilidad, siempre quiere decir obediencia popular y rentabilidad oligárquica. Quieren que olvidemos, que su verdadero talento no está en resolver las crisis sino en crearlas contra el pueblo, para que no haya tiempo de responder a su «terapia de shock».

    Lo de Kast apenas empieza, sí es cierto. Pero justamente por eso es tan revelador. Porque no hizo falta esperar años para ver el mecanismo. Bastaron días. Bastó que la vida cotidiana hablara. Bastó que el precio del combustible se disparara, para que atterizara la verdad política. Bastó que las familias sintieran en el cuerpo lo que la propaganda ocultaba: que detrás del discurso del orden venía otra vez el viejo mandato de sacrificar a la gente del común, para que los de arriba vayan cómodos en los hombros del pueblo trabajador.

    Y esa es la lección para Colombia. No hay que votar por quien mejor explota el miedo.
    No hay que votar por la que mejor posa de severa. No hay que votar por el que promete rescatar la patria mientras afila el cuchillo del ajuste. Hay que mirar quién paga la cuenta cuando ellos gobiernan. Chile ya está ofreciendo una respuesta. El gobierno del hijo del nazi empezó a pasar la factura y la están pagando los pobres y las clases medias. Ojalá Colombia pueda apreciar en este turbio reflejo de las convulsas aguas mundiales que también están perturbando la región, el destino que hay que evitar el próximo 31 de mayo en las urnas electorales.

    Ojalá Colombia no aprenda esa lección cuando ya sea demasiado tarde, como le sucede ahora al pueblo chileno. Porque a veces un país buscando un salvador, elige a su próximo verdugo.

    Ulises Guevara - Columnista
    Columnista de La Chispa.
    Escribe sobre poder, hegemonía, disputa política y procesos de transformación en Colombia y América Latina.

    Latest Posts

    spot_imgspot_img

    No te lo pierdas

    Mantén la chispa

    Mantén la llama de la revolución ence