Hernán Camacho_ La más reciente encuesta Invamer no deja espacio para ilusiones: el centro político colombiano, representado por Claudia López (12,5%) y Sergio Fajardo (10,3%), suma apenas 22,8% de intención de voto, casi lo mismo que obtiene solo Abelardo de la Espriella (23,4%). Mientras Iván Cepeda lidera con 43% y consolida la polarización entre el Pacto Histórico y la derecha, Claudia y Fajardo enfrentan una pregunta incómoda: ¿se unen, se bajan o terminan adhiriéndose a De la Espriella antes de primera vuelta? Por ahora, el centro parece condenado a ver el partido desde la tribuna, sin poder pisar la cancha.

Claudia López no tiene opción de retirarse: por mandato legal, debe presentarse en primera vuelta tras haber participado en una consulta interpartidista. Su nombre estará en el tarjetón, aunque sus números la colocen en un lejano tercer lugar. Quien sí podría dar un paso al costado es Sergio Fajardo, pero la decisión no es sencilla. Después de casi un año de trabajo, una cuantiosa inversión en asesores internacionales y el respaldo de figuras como Jorge Enrique Robledo —quien sostiene que solo Fajardo puede ganarle a Petro en segunda vuelta—, renunciar sería admitir que el centro no tiene rumbo. Sin embargo, Fajardo arrastra el fantasma de 2022, cuando ganó una consulta y sus copartidarios lo abandonaron para engrosar la candidatura de Rodolfo Hernández. La deslealtad de los suyos aún duele, y el temor a que la historia se repita lo frena.

Mientras tanto, Abelardo de la Espriella observa con atención. Su discurso de mano dura y su promesa de «estripar a la izquierda» resuenan en el 17,3% de derecha pura, pero necesita pescar en el centro para llegar a segunda vuelta con opciones reales. Si Claudia y Fajardo se mantienen separados, el centro seguirá fragmentado y la polarización se consumará en un duelo Cepeda-De la Espriella. Si, en cambio, logran un acuerdo de última hora —o si Fajardo finalmente se baja y adhiere a Claudia, o ambos terminan inclinándose hacia De la Espriella—, el mapa podría moverse. Pero los tiempos se agotan y las heridas del pasado pesan.
Lo cierto es que el centro no decide su destino: lo decide la polarización. En un país donde el 62,6% siente miedo al futuro y la inseguridad es la principal preocupación, las propuestas moderadas no encuentran eco. Claudia y Fajardo tienen alta favorabilidad, pero baja fidelidad. Sus votantes, llegado el momento, se irán con Cepeda o con De la Espriella según les gane el corazón o el miedo. La gran decisión del centro, entonces, no es a quién apoyan sus candidatos, sino hacia dónde se inclina un electorado que hoy mira con angustia el porvenir y busca respuestas donde puede. Y mientras tanto, la pregunta queda flotando: ¿y el centro a qué pitos toca?
26/02/26




