La gravedad y la pólvora

El Pacto, el Frente y la disputa por el eje de las fuerzas en tensión

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Por Ulises Guevara.

Una columna para tiempos donde la izquierda también gira.

 

 

Por estos días, el progresismo colombiano parece un sistema solar en tensión.
No porque le falten estrellas. Sino porque le sobra gravedad. El Pacto Histórico nació como una fuerza centrípeta: una masa política capaz de atraer a sectores dispersos bajo un mismo campo magnético llamado “cambio”. Era una física simple: si el uribismo fue el centro de poder durante dos décadas, la izquierda debía convertirse en el nuevo centro gravitacional. Y lo logró.

Pero toda revolución que conquista el centro enfrenta después una pregunta inevitable:
¿quién hereda la órbita?

Cepeda, Roy y la disputa por el eje

En el plano presidencial, la tensión entre Iván Cepeda y Roy Barreras no es un simple choque de nombres en el espectro político progresista. Es una disputa por el tipo de gravedad que definirá el próximo ciclo político. Cepeda representa la continuidad ideológica: memoria, derechos humanos, coherencia histórica. Roy desarrolla una narrativa en la que pretende representar la ampliación institucional: gobernabilidad, negociación, centro ampliado.

Uno encarna la fidelidad al origen del proyecto de cambio que llevó a Gustavo Petro a la presidencia en 2022. El otro, la expansión del legado de Petro hacia nuevos territorios, más allá de la izquierda y el campo popular. Ambos agitan las banderas de la unidad. Pero la física política no se mueve por intenciones sino por efectos.

Cuando dos cuerpos compiten por ser el centro, el sistema vibra. Si esa competencia se ordena, produce energía. Si se desordena, produce fragmentación. Esto último es lo que viene ocurriendo con la exclusión de Iván Cepeda a la Consulta Presidencial del próximo 8 de marzo. La izquierda no se divide porque existan liderazgos distintos. Se divide cuando no hay reglas claras para decidir quién gravita y quién orbita.

El frente amplio que amplía… ¿o será que más bien dispersa?

La irrupción de nuevos proyectos con discurso unitario puede sonar a fuerza centrípeta: “sumar”, “converger”, “ensanchar”. Pero en elecciones, cada candidatura adicional es una fuerza centrífuga real. Porque el voto no se multiplica: se reparte o lo que es lo mismo: SE FRAGMENTA.

En física, cuando un sistema gira demasiado rápido, los cuerpos tienden a salir despedidos hacia la periferia. En política, cuando un bloque que parece ganador empieza a multiplicar candidaturas internas sin mecanismo de resolución, la percepción de cohesión se debilita. Y la percepción es la mitad del poder.

Ilustración política sobre disputa electoral y mapa de Colombia

La curul internacional: el laboratorio de la gravedad

En el caso de la representación de los colombianos en el exterior, la situación es aún más delicada. Allí no hay millones de votos disponibles. Hay una base limitada, dispersa, difícil de movilizar.

Carmen Ramírez Boscán, la actual Representante a la Cámara de la colombianidad en el exterior, ocupa hoy el centro institucional de ese campo. Tiene incumbencia, visibilidad y red construida. Eso la convierte, inevitablemente, en un cuerpo gravitacional fuerte. Y todo cuerpo fuerte atrae dos cosas: apoyo… y ataque.

Cuando emergen candidaturas del mismo espectro, el fenómeno no es necesariamente traición. Es competencia. Pero si esa competencia no se administra con inteligencia estratégica, la fuerza centrífuga comienza a actuar.

Y la fragmentación del voto progresista en el exterior no beneficia a la segunda lista progresista. Beneficia al adversario externo.

La pólvora de la propaganda difamatoria

En campañas cerradas, cuando el tiempo se agota y la ventaja parece clara, suele aparecer otro fenómeno: la pólvora. Rumores. Señalamientos. Susurros digitales. Infamias y calumnias. No importa si provienen de adversarios ideológicos o de competidores internos. Su efecto es el mismo: introducir duda. Desestabilizar el centro. Romper la cohesión emocional.

La propaganda difamatoria es una fuerza centrífuga sofisticada. No destruye con argumentos; erosiona con sospechas. No debate; insinúa. No confronta; desordena. Pero también hay otra ley política: cuando el ataque no logra desplazar al centro, puede reforzarlo.

Todo depende de cómo responda el liderazgo.

Unidad no es unanimidad

El error sería creer que la unidad significa silencio o ausencia de competencia. No. La unidad en política es estratégica, no sentimental. Un bloque fuerte no elimina diferencias. Las canaliza. Un bloque maduro no suprime liderazgos. Los ordena. Un bloque inteligente no niega la disputa. La regula.

Cuando las fuerzas centrípetas —relato común, identidad compartida, objetivo mayor— superan a las centrífugas —ambición individual, desconfianza, fragmentación— el sistema se estabiliza. Cuando ocurre lo contrario, el adversario ni siquiera necesita intervenir.
Eso parece estar haciendo la derecha, que desde la acera de enfrente sonríe con ironía, al ver la bajeza en la disputa por la Curul Internacional, por quienes a pesar de tener un discurso de fuerza centrípeta, con el que pretenden posar como cohesionadores del proceso de cambio iniciado por el Pacto Histórico, lo fragmentan como pólvora que explota, actuando en realidad como fuerza centrífuga del voto progresista. Es pura física política.

La izquierda frente al espejo

El momento actual no es una tragedia. Es una prueba. Si el progresismo logra convertir la competencia interna en energía organizada, saldrá fortalecido. Si permite que la centrifugación desordene su campo, el costo será electoral. Porque la política, como el universo, no tolera vacíos: si un centro se debilita, otro ocupa su lugar. Y mientras algunos son polvorín explosivo, otras personas construyen gravedad.

La pregunta no es quién tiene la razón. La pregunta es quién logra que la comunidad permanezca orbitando. En la física del poder, la cohesión no es poesía. Es supervivencia.

Y a veces, la revolución no se pierde por el enemigo. Se pierde por exceso de velocidad. Como bien decía Jesús Martín-Barbero: “A mucha velocidad, la fuerza centrifuga hace que todo estalle en pedazos y el yo, los discursos y los relatos se fragmentan hacia el infinito”.


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Ulises Guevara - Columnista
Ulises Guevara. Columnista de La Chispa.
Escribe sobre poder, hegemonía, disputa política y procesos de transformación en Colombia y América Latina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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