La Curul internacional y los desafíos del progresismo

Los desafíos del progresismo colombiano en el mundo

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Por: Hector Valencia

Los desafíos del progresismo y el PH en el exterior
Los desafíos del progresismo colombiano en el mundo

 

La discusión actual en torno a la organización política de la población migrante y binacional no puede entenderse sin un análisis político e histórico que recurra a diverentes variables. Así pues, presentaré, por un lado, I) un análisis de los retos del progresismo en Europa y, por otro lado, II) analizaré el escenario electoral internacional.

I. El progresismo en Europa

Para comenzar, lo que hoy aparece como un simple desacuerdo táctico entre dos listas es en realidad el resultado de un proceso de desgaste y fractura que se viene gestando desde 2022, justo después de las elecciones parlamentarias. Fue entonces cuando sectores organizados por el colectivo “diáspora y paz” comenzaron a erosionar distintos espacios de Colombia Humana en el exterior (Francia, España, Reino Unido), debilitando progresivamente su cohesión interna. Esa erosión no fue menor: derivó en la salida de varios militantes y culminó en los últimos meses con nuevas renuncias, entre las cuales destacan las de Géner Úsuga y Marcela Martínez (ambos candidatos del Frente Amplio en el exterior)

En paralelo, es necesario señalar que sectores vinculados a la precandidatura presidencial de Carolina Corcho obstaculizaron la realización de la consulta interna del Pacto Histórico (26 de octubre) en el exterior. Este bloqueo impidió un mecanismo democrático clave para organizar la lista de la Cámara Internacional del Pacto Histórico, la cual en ese momento contaba con siete precandidaturas. Ante esa imposibilidad, la dirección de Colombia Humana se vio forzada a tomar decisiones que respondieron a un vacío político concreto y, por supuesto, generaron crítica en algunos sectores. Apesar de las dificultades, el Pacto Histórico logró inscribir su lista a la Cámara internacional. Sus candidaturas son: Carmen Ramirez (401), José Gamboa (402) y Heidy Margarita Beleño (403).

Ahora bien, reducir este debate a una disputa de “marcas” o “logos” constituyeigualmente un error de análisis. En efecto, lo que está en juego no es simplemente un nombre, sino la construcción de una bancada y una organización política sólida capaz de respaldar el proyecto de gobierno liderado por Gustavo Petro y de garantizar la continuidad del proceso de cambio impulsado por Iván Cepeda. En este sentido, la fragmentación impulsada por la lista del Frente Amplio no solo debilita a las organizaciones sociales y políticas, sino que compromete la posibilidad de sostener una mayoría política en el escenario internacional.

En lugar de fortalecer espacios propios, el Frente Amplio ha optado por disputar estructuras y nodos existentes, acompañando esta estrategia con campañas digitales que, lejos de consolidar apoyo, han generado rechazo y desgaste. En efecto, la política no puede sostenerse sobre la deslegitimación y ataque permanente del otro. Como consecuencia, la lista del Frente Amplio ha quedado aislada políticamente, actuando como una “rueda suelta” en un escenario que exige, más que nunca, unidad estratégica. La perdida de brújula política se confirma cuando recordamos que esta lista fue avalada  por el partido MAIS y el PTC, partidos que respaldan la aspiración presidencial de  Roy Barreras a la consulta del 8 de marzo. En resumen, esta división del campo progresista no solo fragmenta fuerzas, sino que abre la puerta a una derrota concreta en el peor de los casos: la pérdida de la curul y el retorno del uribismo.

II. Análisis electoral

El voto migrante, a diferencia del voto territorial, no es orgánico: es un voto volátil y altamente influenciado por liderazgos nacionales. En ese terreno, las orientaciones políticas de Petro y Cepeda, expresadas en la consigna de “dos veces pacto”, tienen un peso determinante.

En efecto, estimo que el umbral se definirá en torno a los 25.000 votos, y en este escenario solo el Centro Democrático y el Pacto Histórico cuentan con el músculo electoral necesario para disputarla. A diferencia de ciertos análisis políticos, considero que la lista del Pacto Histórico en el exterior es la única que mantiene una cierta cohesión interna y una base social que respeta las orientaciones políticas enviadas desde Colombia. Así ocurrió en las elecciones parlamentarias de 2022, y todo indica que este comportamiento podría repetirse el 8 de marzo. Más ahora que Ivan Cépeda se consolida como líder indiscutible en la intención de voto presidencial y Gustavo Petro lográ picos históricos de popularidad. En las condiciones actuales, ni la lista del Frente Amplio ni otros sectores políticos como MIRA-MOIR-Fajardo o el Nuevo Liberalismo parecen capaces de alcanzar los 25.000 votos por sí solos.

Conviene mencionar igualmente que el voto del Centro Democrático en Estados Unidos sufrirá un duro golpe debido no solo a las políticas racistas de su aliado político Donald Trump, sino también a la pérdida de recursos por falta de cuotas burocráticas en embajadas y consulados. En efecto, muchos colombianos  y colombianos no votarán por el Centro Democrático mientras sus familias, allegados y personas cercanas viven en miedo permamente de ser arrestados y deportados. Incluso, muchos ciudadanos y ciudadanas no irán a votar por el simple miedo de exponerse a posibles redadas del ICE cerca de los consulados y embajadas colombianas.  Ante esta situación, el presidente Gustavo Petro ha tenido razón al oponerse firmemente a estas políticas discriminatorias y violentas.

En resumen, la posición política que debemos adoptar es clara: seguir apostando por la articulación de Colombia Humana y el Pacto Histórico, defendiendo el gobierno del cambio y el programa político que representan. Sobre todo, porque lo que está en juego no es una sigla, sino la posibilidad real de transformar el país con una bancada y un partido unitario sólido. Por eso votaré Pacto Histórico al Senado y a la Cámara Internacional, y no recibiré el tarjetón de las consultas presidenciales.

Finalmente, hago un llamado para que después de las elecciones del 8 de marzo asumamos una autocrítica seria. El momento histórico exige responsabilidad, claridad política y, sobre todo, la capacidad de anteponer los objetivos colectivos a las disputas particulares. ¡Ven, seremos!

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