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El libreto roto y repetido del clan Char

Por Orlando De La Hoz, senador electo del Pacto Histórico

Barranquilla no es el feudo privado de la familia Char, un clan que ha gobernado durante más de 16 años consecutivos bajo un modelo que ya agotó a la ciudadanía. Aunque pretendan camuflar el saqueo con pomposidad, remodelaciones en el Estadio Metropolitano y una inversión en vías y cemento que, si bien es importante y necesaria, resulta insuficiente para maquillar la realidad, la gente no es tonta. No se trata de subestimar su innegable fuerza ni la aceitada maquinaria que poseen, pero es imperativo desmontar la mentira oficial: la supuesta victoria de su candidato presidencial, Abelardo de la Espriella, es un mito, pues aquí en la capital del Atlántico mordió el polvo de la derrota y perdió tanto en primera como en segunda vuelta. El voto de la ciudad y el departamento habló con total claridad; fue el sur de la capital, esa inmensa mayoría popular y rebelde, junto con la fuerza de municipios clave como Soledad, Puerto Colombia, Malambo, Sabanagrande y Sabanalarga, el que despertó, se cansó de una propaganda invasiva y respaldó con determinación el proyecto liderado por Gustavo Petro. Esta resistencia demuestra que el voto del territorio no está endosado y que no solo fue el Pacto, sino una gran Alianza por la Vida la que consolidó un arraigo real; un mandato popular que nos exige abandonar cualquier triunfalismo, organizarnos con rigurosidad y prepararnos con madurez para disputar y ganar el poder local.

La realidad de la Arenosa se mide en la calle, donde el mapa político se reescribió con contundencia. El mito de la hegemonía tradicional se quebró el pasado 8 de marzo con la conquista de las curules a la Cámara y al Senado que ratificaron el rumbo del cambio en las jornadas presidenciales. Esas fechas marcaron el rechazo a la consigna oficial: la ciudad avanza, sí, «a otro nivel», pero a otro nivel de corrupción, extorsión, homicidios e inseguridad desbordada ante la evidente incapacidad de Alejandro Char. Esta crisis, agudizada por la disputa territorial de bandas criminales, coexiste con el proceso judicial que enfrenta su hermano, Arturo Char, por compra de votos.

El error histórico de este régimen local ha sido creer que el jolgorio borra la memoria y que la indignación se apaga con eventos de gala. Los cercos informativos y el derroche de recursos ya no les bastan para tapar el quiebre que se vivió en las urnas. La ciudadanía ya dio el primer paso en las calles y en las provincias; ahora la tarea nos corresponde a nosotros. El desafío no es de discursos, sino de trabajo real en los barrios y municipios: consolidar esa fuerza popular, unir las bases de la Alianza en todo el territorio y estructurar una propuesta seria para disputar el poder en el 2027. La mesa está servida y el pueblo ya demostró que está listo para la transformación.

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