Por Jaime Cedano Roldán
Nos aprestamos, expectantes e ilusionados, a unas elecciones legislativas determinantes en la disputa de la presidencia, en el marco de una confrontación política e ideológica que tiene connotaciones globales. No se trata solo de votar solo para elegir quien va a gobernar el país en los próximos cuatro años, sino decidir la Colombia que queremos. Continuidad de un proyecto de cambios y transformaciones con una base antineoliberal y humanista, o el regreso al neoliberalismo salvaje en su fase neofascistoide. Si continuamos fortaleciendo la soberanía, la solidaridad, la integración y la autodeterminación, o si el país se va a alinear bajo las órdenes alucinantes y guerreristas del Trumpismo.
Todos los indicadores auguran unos extraordinarios resultados para el Pacto Histórico, pero nada está definido, especialmente por los niveles de corrupción que rodean los procesos electorales, que van desde la compra de votos, sustitución de votantes, muertos que votan y las graves denuncias sobre el manejo mafioso de los mecanismos de conteo con unas instituciones electorales que están en manos de la derecha y sus prácticas corruptas. Solo un proyecto popular fuerte e inclaudicable como el Pacto Histórico, con una gigantesca legión de defensores y defensoras del voto, puede imponerse a todos los obstáculos, marrullas y componendas.
En la noche del domingo será segura la alegría de la gran victoria.
Irremediablemente tenemos que echar una mirada hacia atrás. Unas miradas serán más largas que otras, pero todas muy importantes. Mi recuerdo más lejano es el de una callejuela colonial de la ciudad de Honda, la calle de las trampas, en donde las primeras charlas recibidas cuando ingresamos a la Juventud Comunista en 1972 fue sobre el proceso constitutivo de la Unión Nacional de Oposición, y las expectativas hacia las elecciones presidenciales de 1974.
Desde aquellos tiempos de la constitución de la UNO, de su congreso constitutivo y de la participación en las elecciones de 1974 ha pasado un poco más de medio siglo. Posterior a las elecciones se rompió la unidad, la violencia política se agravó y muy pronto la UNO fue sometida a un feroz exterminio que quedó en la impunidad y el olvido. Vendrían después diversas experiencias unitarias, incluida la fulgurante pero también dolorosa experiencia de la Unión Patriótica, en una violencia oficial que igualmente golpeó fuertemente al movimiento popular y a agrupaciones como A Luchar, el Frente Popular o el M19. Con el Polo Democrático se inició una nueva etapa, que, a pasos apresurados señalamos que culmina en estos tiempos con el Pacto Histórico y el gobierno de Gustavo Petro.
La victoria del Pacto Histórico, tanto en las elecciones de este domingo, como la real posibilidad de ganar la presidencia en la primera vuelta el 31 de mayo, reafirmarán el cambio cultural y político que se ha producido en Colombia en los que la izquierda y el progresismo se han ganado el corazón y la mente del pueblo colombiano. Muchas y muchos ni se imaginan la inmensa diferencia entre hacer campañas electorales en el ambiente enrarecido de hace medio siglo, a hacerlas hoy con las favorabilidades existentes y siendo la fuerza política más grande, unitaria y firme del país.
Las luchas, sueños, visiones y sacrificios de miles de compañeras y compañeros bien han valido la pena.
Por ellas y ellos habremos de brindar por estas nuevas victorias.
Jaime Cedano Roldán
Concejal de la Unión Nacional de Oposición en el municipio de Honda-Tolima, en los periodos 1978-1980 y 1980-1982
Bogotá, marzo 5 de 2026
Un largo y duro recorrido, de la Unión Nacional de Oposición al Pacto Histórico (1974-2026)
