Por: Orlando Miguel De La Hoz García
Esta fecha nos convoca a una reflexión que toca la fibra de nuestra realidad. Escribo estas líneas desde la fe en un Jesús vivo, aquel que marcó el camino con un compromiso ético hacia el ser humano de carne y hueso. Mi intención es proponer una invitación honesta a entender que la tranquilidad del prójimo es el único cimiento sólido para una sociedad que necesita sanar sus heridas con urgencia.
La armonía en Colombia no se agota en el silencio de los fusiles; su desafío real está en las barriadas, donde la exclusión alimenta la violencia. La labor en el barrio La Paz, en Barranquilla, junto a la sabiduría del padre Cirilo Swinne, es un testimonio de que la reconciliación se ejerce en el encuentro genuino con quienes han vivido el rigor del conflicto. Recuperar a un joven para su comunidad exige que la educación y la oportunidad pesen más que cualquier arma. En este tránsito, el presidente Gustavo Petro es un ejemplo: su trayectoria demuestra que el camino para la transformación del país es la política y la palabra.
Como senador electo, mi propósito es trasladar al Congreso el concepto de los Determinantes Sociales para la Paz. Este enfoque, proveniente de la salud pública, enseña que el bienestar no depende solo de hospitales, sino de las condiciones en las que la gente nace y vive; por ello, la estabilidad integral solo es posible si intervenimos las causas estructurales que perpetúan el conflicto.
En el ámbito de mis competencias, impulsaré esta visión con el concurso de líderes sociales, el sector público y una gestión social robusta. Promoveré debates y propuestas legislativas para garantizar servicios públicos dignos que eliminen la desigualdad, una seguridad humana que priorice la vida y una educación con enfoque diferencial. El bienestar urbano será un espejismo mientras el joven del sector popular sea visto como una cifra de inseguridad y no como un ciudadano que espera soluciones del Estado.
El reencuentro en nuestros barrios exige reconstruir el tejido quebrado a través del trabajo y el acceso a derechos fundamentales. Desde mi labor en el Senado, profundizaré este modelo con rigor técnico, haciendo que el control político sea el motor para convertir el dolor en esperanza. Al unir la experiencia del territorio con una gestión nacional eficiente, estaremos sentando las bases de una nación donde la paz sea, por fin, el abrazo digno que nos debemos como pueblo.
