La Chispa_ Las cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) fueron contundentes: en febrero de 2026, la tasa de desempleo en Colombia se ubicó en 9,2%, la más baja desde 2018. La reducción de 1,1 puntos porcentuales respecto al mismo mes del año anterior (10,3%) no solo representa una recuperación laboral sostenida, sino una derrota en toda la línea para los agoreros de la derecha que, durante años, vaticinaron la ruina del país si se mejoraban los salarios y se ponía en marcha un proyecto económico distinto.
El presidente Gustavo Petro, al conocer los datos, fue directo: “Más razones para no aceptar la equivocación de la derecha al afirmar que el subir el salario mínimo al nivel del salario vital traería una catástrofe del empleo. No fue cierto. Volvemos a un dígito de tasa de desocupación, 9,2%, la más baja desde este siglo para el mes de febrero”. Y añadió un dato igual de relevante: la informalidad también está disminuyendo. Otra predicción en contra que se cae.
El triunfo de estas cifras es, en buena medida, el resultado de una política económica que los economistas ortodoxos y los voceros de los grandes grupos empresariales se empeñaron en descalificar. Subir el salario mínimo por encima de la inflación, sanear las finanzas públicas tras el descalabro que dejó el gobierno Duque con el subsidio a los combustibles, y pagar con responsabilidad la deuda externa —incluyendo los onerosos empréstitos contratados en medio de la crisis del covid— no fue, como pronosticaban, el camino hacia el abismo. Fue, al contrario, la base para una recuperación con equidad.
Los mismos que hoy se rasgan las vestiduras por la “catástrofe” que nunca llegó son los que en el pasado endeudaron al país con las tasas más leoninas, los que congelaron los salarios mientras se disparaba la inflación, los que prefirieron ver a Colombia en llamas antes que reconocer que otro modelo es posible. Pero los números no mienten: el empleo crece, la informalidad cae, y la economía demuestra que mejorar los ingresos de los trabajadores no hunde al país, lo fortalece.
Mientras el Banco de la República sigue con sus tasas de interés que asfixian a las familias y las empresas, Petro insistió en que es momento de bajar la tasa de intervención y apostarle a la producción nacional. Porque si algo ha quedado claro en estos años de gobierno del cambio, es que los pesimistas de la oposición no tienen razón. No hubo ruina. No hubo caos. Lo que hay es un país que, a pesar de las adversidades, sigue avanzando. Y a los que querían verlo en llamas, solo les queda mirar las cifras y callar.
