Laura Soto_ La derecha tiene un problema: no puede aceptar que un gobierno de izquierda le esté yendo bien. Porque si lo aceptara, tendría que reconocer que durante décadas nos gobernaron con mentiras. Que nos dijeron que subir el salario mínimo destruía el empleo, y resulta que el desempleo bajó del 11,2% al 8%. Que nos dijeron que aumentar la inversión social quebraba al país, y resulta que la educación pública pasó de 49 a 88 billones de pesos. Que nos dijeron que reformar el campo era imposible, y resulta que ya van casi un millón de hectáreas entregadas a campesinos.
Petro recibió un país en llamas. La inflación la encontró en el 13% y hoy la deja en el 5%. El dólar lo recibió a 4.300 pesos y hoy lo entrega a 3.600. El desempleo lo recibió en dos dígitos y hoy lo deja en un dígito. Los fertilizantes, que son el pan de los campesinos, los recibió a 220.000 pesos la bulto y hoy los entrega a 120.000. ¿Alguien se acuerda de aquellos agoreros que decían que esto era Venezuela? Parece que Venezuela queda más lejos cada día.
Y no es solo economía. En seguridad, la derecha decía que este gobierno era blando con los narcos. Pues las cifras cantan: recibió un país que incautaba 600 toneladas de cocaína al año y hoy se incautan 820. En ambiente, recibió una selva que se destruía sin freno y hoy la deforestación se redujo en un 49%. En salud, recibió unas EPS que se robaban la plata y hoy 11.000 equipos básicos recorren los territorios que la derecha nunca visitó. En mortalidad infantil, recibió 2.245 muertes registradas y hoy la cifra bajó a 1.519. Una reducción del 32%. Es decir, más de 700 niños salvados. ¿Eso no es noticia?
La derecha nos vendió durante años la idea de que Colombia era un país inviable sin su liderazgo. Que sin ellos, la guerrilla tomaba el poder, la economía colapsaba y el orden público se hundía. Pues miremos los resultados: la paz total, aunque golpeada, sigue siendo un propósito. La reforma agraria es la más grande del mundo. El pasaporte colombiano es hoy el cuarto mejor del mundo. El turismo pasó de 4 a 5 millones de visitantes por año. Y 2,6 millones de colombianos salieron de la pobreza.
Ustedes se imaginan si todos estos logros los hubiera conseguido un presidente de derecha. Los mismos medios que hoy callan estarían diciendo que es el mejor presidente de la historia. Le pondrían estatuas, lo invitarían a todos los foros internacionales, y sus voceros hablarían del «milagro colombiano». Pero como los logros los hizo un gobierno de izquierda, el silencio es ensordecedor. O peor: la crítica es permanente. Porque no les duele el país, les duele quién lo gobierna.
El balance es claro: Petro recibió un país arruinado por décadas de políticas neoliberales, y lo entrega con mejores indicadores en casi todos los frentes. No es perfecto, faltan muchas cosas. Pero negar los avances es simplemente mentir. Y la derecha, que vive de las mentiras, tendrá que explicar por qué, con todos sus pronósticos de catástrofe, el país no solo no se hundió, sino que mejoró. Mientras tanto, los colombianos podemos sacar una sola conclusión: el cambio sí era posible. Y el próximo paso es no devolvernos.
