Hernán Camacho_ La madrugada de este sábado, Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque militar conjunto contra Irán, en una acción que rompe todos los cánones de la diplomacia internacional. Lo que hace especialmente grave esta agresión es que ocurría justo mientras ambas naciones sostenían conversaciones exploratorias para destrabar décadas de tensión. El presidente Donald Trump confirmó la participación de fuerzas estadounidenses en el bombardeo, calificado por Teherán como una «puñalada por la espalda». Irán respondió de inmediato con varias oleadas de misiles balísticos dirigidos a territorio israelí y a bases estadounidenses en países vecinos como Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Kuwait, Catar y Arabia Saudita.
La comunidad internacional reaccionó con indignación y exigencia de contención. China, a través de su Ministerio de Relaciones Exteriores, expresó su profunda preocupación y demandó respeto a la soberanía iraní: «La soberanía nacional, la seguridad y la integridad territorial de Irán deben ser respetadas. Exigimos el cese inmediato de las acciones militares, evitar una mayor escalada de tensiones y reanudar el diálogo y las negociaciones», afirmó su portavoz. Pekín insistió en que la paz y estabilidad de Medio Oriente deben preservarse por encima de cualquier interés particular.
Rusia elevó aún más el tono de la condena. El Ministerio de Relaciones Exteriores calificó el ataque como «un acto de agresión armada planificado y no provocado», sumándose a las voces que denuncian el carácter sistemático de las acciones de escalada de la administración Trump en los últimos meses. El presidente Vladimir Putin convocó de emergencia al Consejo de Seguridad ruso en formato de videoconferencia para analizar la situación en torno a Irán y definir la postura de Moscú ante lo que ya muchos consideran el inicio de una guerra de imprevisibles consecuencias globales.
Mientras tanto, la violencia ya deja víctimas colaterales: al menos cuatro personas murieron en Siria por la caída de un misil en una zona industrial de la ciudad de Sweida. La vía diplomática, que apenas comenzaba a asomarse tras años de hostilidades, ha sido dinamitada por la pólvora. El mundo observa con indignación y miedo cómo el imperio vuelve a apostar por la guerra en lugar de la palabra. En Chispa exigimos el cese inmediato de las hostilidades y el respeto a la soberanía de las naciones. La guerra no es el camino.
