Chascona observando La Serena...

Miradas, opiniones, sueños, cotidianos, de trigos no muy limpios..
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De lo artificial a Sol y Lluvia.

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Todo el santo día en la pega. Revisando papeles y más papeles y mirando el consumo a manos llenas. La voracidad que genera este nunca deja de asombrarme. Es entre feroz y penosa. Terrorífica.

Mi piel, a eso de las siete de la tarde empieza a sentir los mordiscones del frío. El aire acondicionado es fuerte y mientras la gente habla del calor insoportable, yo tirito. Uno , por aquel ambiente gélido y artificial. Dos, por como la gente se endeuda y esclaviza, traspasando los límites de su capacidad monetaria.

Casi todo lo piden en 36 cuotas. ¡36 cuotas !!!. Qué parecido tiene eso con las películas antiguas que solía ver en "Tardes de cine" cuando llegaba el diablo y la gente firmaba un contrato en dónde establecía que por fama o dinero, una vez muertos, pasaban a regalarle el alma al señor que manda en el Hades.

Mientras vivían, todo bien. La cosa se complicaba cuando la muerte se empezaba a sentir y de pronto les venía el arrepentimiento. Tarde, el alma ya era de otro. Eso pasa acá, cuando adquieren plasmas (en su mayoría) o el último celular que tiene cuanta aplicación te imagines, se van felices. Deseo concedido. Luego los veo llegar, complicados y con caras de angustia, preguntándome como es que la cuenta cobra ese interés. Ahí, con infinita paciencia y después de haber escuchado palabras como "ladrona" (cómo si yo estableciera las reglas del mercado y no les explicara en su debido momento, o sea, antes de la compra, lo que significa, en intereses, las 36 cuotas, que no son otra cosa que TRES AÑOS) les muestro las boletas y el contrato donde está estampada de manera clara su firma. Me hablan del Sernac. Eso sí es penoso. Esa instancia de poco y nada sirve, pues sigue las reglas del mercado sanguinario y diabólico en el que vivimos.

A eso de las ocho de la tarde, mi jefa me deja salir cinco minutos, con pase en mano que revisa minuciosamente el guardia y de esa manera salgo de la jaula, el ruido ambiente, el frío y cruzo a la calle a fumarme un pucho.

La Serena se viste con su traje estival, entonces, hay muchos espectáculos callejeros. Hoy, un grupo de músicos tocaban felices a Sol y Lluvia y los que bailaban eran los niños, casi todos menores de cinco años. Los adultos , a lo más movían los hombros. Me acordé que justo a esa hora la televisión transmite novelas y me dio risa. Sentí olor a pito y a los cinco minutos se llenó de pacos, eran como 15...¿Tanto aparataje represivo por un pito?...Menos mal que no cacharon quién se lo estaba fumando. Lo que me fastidió fue que entre ese grupo de genta aglutinada en torno a los músicos, que estaban en la catedral y bien lejos de Pudahuel y la Bandera, andaba un borracho buscando mocha y asustando a los niños, con la cara desfasada y delirante. Los hombres de verde ni pescaron eso, y andaban agudizando sus narices, como perros entrenados, en busca de la yerba, que no jodía a nadie.

Esta vez me di una licencia. Una cosa es ser proletaria y otra muy distinta es ser esclava, entonces prendí otro pucho y me puse a corear " Y verías la vida, tal como es". La noche estaba agradable y poco a poco mi piel se empezó a templar y el aspecto de pelos parados y piel de gallina que me genera el encierro y ese maldito y fuerte aire acondicionado, volvió a su suavidad natural. De puro gil saqué mi celular. Llamaba la jefa,había que volver al escritorio.

La tienda estaba llena y el locutor (Un loro que habla y habla y habla, bueno, pobre, por eso mismo le pagan) Pregonaba como predicador evangélico los remates y las ofertas. La gente se vuelve medio loca y se tira de manera violenta a los estantes, mientras buscan en sus billeteras la tarjetita de plástico y escamotean lo que pueden al otro, que está en las mismas. Se quitan las cosas de las manos, en una extraña carrera de quién gana la blusa, el perfume o lo que sea.

Me siguió sonando el coro de Sol y Lluvia. En cinco segundos me puse la chaqueta pues una vez que entré, me congelé nuevamente, mientras veía a esa horda de humanos en actitudes caníbales y jurando que las ofertas existen. Pensé y con mucha razón que ese Chile existe. El tener como prioridad. El ser, como la última parte del escalafón. Los miles de endeudados y canté " Y verías la vida, tal como es " Uno, porque es imposible que ese tema tan conocido y popular no se te quedé pegado. Dos, porque al parecer, entre toda esa gente que prefiere el consumo y no la calle con su algarabía, ven la vida así. Tal como es. Tal como les enseñaron y que la compran esa falacia en 36 cuotas. El poder les negó la educación, pero en sus aulas intangibles se encargaron de dejarles clarita esta materia. Compra, consume y véndeme tu alma.

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..."Mi historia, en Peni 348 se mantiene intacta. Como La Serena de siempre. Sin aspavientos, sin vozarrones, con la calma característica de los que nacimos aquí y con el olor a mar que a eso de las siete de la tarde nos arrebata un poco."...

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