Chascona observando La Serena...

Miradas, opiniones, sueños, cotidianos, de trigos no muy limpios..
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Carta abierta a Augusto Pinochet.

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De mi cero consideración, paso a exponerle lo siguiente: Nací el año 1973, pocos meses antes que llegara la gran debacle que transformaría a mi país en un lugar dónde habitaba el miedo. Corría la sangre. El infierno se convertía en fogatas de quemas de libros y discos y los estadios se saturaban de seres humanos arrastrados a los culatazos, los golpes y las amenazas con insultos irreproducibles e inimaginables. Su primera aparición, con sus ojos ocultos bajo gafas oscuras en aquel típico gesto de los cobardes que no saben mirar a los ojos, recorrió el mundo entero. Justo ese once de septiembre usted inauguró las clases de amnesia.

Borró la realidad y la transformó a su gusto y gana. Cambió los hechos y en su increíble egolatría se cubrió de galones y se autodenominó capitán general. Su voz chillona y brusca pasó a tomar el lugar de aquel tranquilo metal de la voz de Salvador Allende. La palabra pueblo, compañeros, solidaridad, sindicatos e incluso juventud fueron borradas de un plumazo. Orden y Patria. Tradición, familia y propiedad empezaron a acallar las voces y los cantos de mar a cordillera. De norte a sur.
Se iniciaron los éxodos de los "indeseables" para usted, que se fueron con el alma rota a buscar un lugar en mundos lejanos y con idiomas raros. Aquellos "hombres valientes soldados" actuaban en patota, armados hasta los dientes y en centros clandestinos de tortura, con radios chillonas y máquinas de tortura, más simulacros de fusilamientos. Todo su aparataje y la prensa nos contaban a los chilenos de falsos enfrentamientos o bien, que los hombres a los que nadie encontraba, no estaban con sus vientres cercenados por un corvo en le fondo del mar. No señores, andaban con otras mujeres pasándola del uno por Europa. Y las mujeres, violadas y torturadas hasta el cansancio, seguramente andaban de prostitutas anda tu a saber dónde
Así, usted y sus asesores, tanto civiles como militares nos hacían entrar a sus aulas de la amnesia. Nos repetían una y otra vez, con marchas militares que el país estaba en orden.
Sin embargo, la resistencia estuvo desde el primer día y nuestros padres, en la medida que podían nos protegían y nos decían que esas lecciones eran mentiras. Recuerdo ser muy pequeña y que cada cierto tiempo, recibíamos a carabineros en las salas de los colegios para formar las famosas "Brigadas de tránsito". Te entragaba un gorrito que parecía un cacho y una especie de suspensor, entonces, los elegidos dirigían cualquier cosa. Incluso los recreos, donde cada vez que sonaba la campana, había que formarse, tomar distancia y entrar nuevamente a las clases del olvido y el temor. Aquellos niños, en su inocencia, pasaban a sentirse orgullosos de ser réplicas de milicos en miniatura, a los cuales se les autorizaba a acusarte si decías algo indebido o llegabas atrasada a clases. Pequeños sapos inocentes.
Sin embargo, usted olvidó algo muy importante. Y eso es nada más y nada menos que el olvido tiene demasiada memoria. Las mujeres que bailaban la cueca solas, nos decían en su tremenda valentía que la verdad era muy distinta. Los compañeros que se movían en la clandestinidad reestructuraban una y otra vez las organizaciones, mediante panfletos, que volaban desde cualquier edificio y caían como palomas desde el cielo, y
denunciaban las muertes, los asesinatos, los cierres de sindicatos y como uno a uno, los derechos que por años lograron los trabajadores iban desapareciendo, para dar paso a los abusos de los poderosos.
Que los chilenos, expulsados de Chile, como quién vomita una resaca, desde el exterior denunciaban lo que aquí estaba pasando. La Radio Moscú que decía " Al sonido del gong, sírvase conectar"..Y entonces la voz de Volodia , día a día, a través del programa " Escucha Chile" nos informaba de la tremenda bestialidad de la que éramos víctimas.
Desde el miedo, también surge la lucha. Cosa que en su cabeza pequeña, no tomó como un detalle gigante. Que este también genera lucha y respuesta y devuelve, por partida doble las ganas de quitarse los grilletes y cadenas que usted imponía día a día durante 17 años.
Yo era muy niña. Pero recuerdo que había cosas que no tenías que decir y eso lo sabíamos, pues cualquier diferencia podía arrebatarte el cariño de papá o mamá. Si por alguna casualidad se te ocurría visitar las regiones nos obligaban, los maestros , a llegar mucho más temprano al colegio, correctamente uniformadas, zapatos lustrados, pelo tomado con cintas blancas y te pasaban una banderita. No importaba que fuéramos muy pequeñas, nos tenían paradas por horas en cualquier Avenida, entonces pasaban muchas motos , autos que te escoltaban y el que te llevaba a ti y a tu señora cursi, con capas infernales y sombreros horrorosos, pasaban a toda velocidad mientras nosotras recibíamos órdenes de agitar aquellas pequeñas banderitas de papel y sonrientes. Si faltabas ese día, te ponían mala nota y la cantaleta desde la directora para abajo eran cosa seria.
La memoria nunca muere. Los recuerdos tampoco y tus clases de amnesia no sirvieron de mucho. Hay muchos que aun creen que salvaste al país de los come guaguas. Los que lograron salir vivos de tus mazmorras de tortura, nos han ido contando lo que sucedió. Debo recordarle también que después de tantos años de opresión, hemos logrado tirar por el desvío los rencores. Lo que no hemos olvidado es que existe la justicia y que es un derecho exigirla.
A ti no te tocó vivirla en tu país. Un juez extranjero te acusó y mantuvo un rato asustado en Londres. Tuviste un funeral casi heroico, aunque no te salvaste del escupitajo que lanzo a tu lápida el nieto de un General que si era un valiente soldado.
Me siento orgullosa de haber reprobado en tus clases de amnesia. De haberme sacado menos que un uno en tus clases de orden y patria. Que la muerte que rondaba por todos los rincones, me enseñó, al contrario de lo que hubieras querido, a celebrar la vida y a respetarla por sobre todas las cosas. A enfrentarla con valentía y sin miedo. Que quedó grabado mucho más fuerte la dignidad de aquel hombre que habló del hombre libre, las grandes alamedas y una sociedad mejor versus tus patéticos discursos, con tu voz espantosa que decía que acá, no se movía una sola hoja sin que tu lo supieras.
Menos mal que muchas hojas se siguieron moviendo. Se transformaron en semillas, luego en árboles y están ahí, como inmensas cortinas verdes, para que cualquier día de estos vamos marchando todos juntos, por nuestras grandes alamedas condenándote como culpable. Con cada torturador y cómplice encarcelado y no en jaula de oro, sino que en una capacha común.
No Pinochet. Yo no crecí con rencores, no conozco de esos sentimientos. Te escribo para decirte que la Justicia y la Verdad son la antítesis de eso y que tus clases de amnesia se están transformando poco a poco, día a día, en algo muy parecido al escupitajo de aquel valiente nieto de Prats.
Ya estamos superando aquel día en que la traición pretendía imponerse. La violencia no detuvo el caminar del pueblo, ni los procesos sociales. Y que sí, cortaste muchas flores pero nunca pudiste detener la primavera.

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Etiquetado en: Amnesia Carta Pinochet


..."Mi historia, en Peni 348 se mantiene intacta. Como La Serena de siempre. Sin aspavientos, sin vozarrones, con la calma característica de los que nacimos aquí y con el olor a mar que a eso de las siete de la tarde nos arrebata un poco."...

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